Más de 50 personas se han juntando para colaborar en las tareas de devolver al mar a los cetáceos varados.

Llevan todo el día peleando con cubos, mangueras, cuerdas y un pequeño tractor pero no han logrado salvarlos a todos. Una manada de 22 calderones -algunos machos, varias hembras y 4 o 5 crías- varó a primera hora de la mañana del 7 de octubre en la playa de Mañón (A Coruña), el municipio más septentrional España junto al cabo de Estaca de Bares. Todos seguían al jefe, que probablemente enfermo y desorientado, los condujo a un callejón acuático sin salida.

La bajamar los emboscó en el puerto de Bares, prácticamente un semicírculo, y la mayoría encallaron en paralelo apelotonados sobre la arena. Seis de los 22 han muerto deshidratados al sol con el termómetro marcando picos de 26 grados con el otoño rodando. Otros 13 fueron empujados hacia aguas más profundas y quedan por reflotar tres más, los más pesados, a los que intentarán mover durante la pleamar de la tarde, explica Alfredo López, portavoz de Cemma, la Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos de Galicia que ha desplazado a Bares a 40 voluntarios para el rescate de los calderones. De los 13 ejemplares que lograron reconducir mar adentro con mucho esfuerzo en las últimas horas, la mayoría han vuelto a varar poco más al este, en la playa de Arerlonga, en O Vicedo (Lugo).

Fuente: El País-Kiki Delgado (EFE)

“Hay muy pocas probabilidades de que sobrevivan, la verdad”, confiesa Alfredo López. Están tomando muestras de los ejemplares muertos para hacerles una necropsia. Buscan al macho más viejo del grupo, probablemente el guía, para tratar de averiguar que le pasó. Esta especie de calderón tropical (Globicephala) nada en las aguas que circundan las islas Canarias, Azores o Madeira y estaban muy lejos de su hábitat, explica. El primer aviso al 112 lo dio un vecino de Mañón poco después de las 06:30 de la mañana. Había visto a los cetáceos nadando, erráticos, ya muy cerca de la costa. Desde muy temprano, y tan pronto como los localizaron agonizando en la playa, empezó el goteo de efectivos de Protección Civil, Guardia Civil y del Grupo de Emergencias Supramunicipal (GES) de Ortegal junto a otros tantos vecinos y voluntarios -vestidos, con neoprenos o en traje de baño- que acarrearon centenares de cubos de agua para mantener húmedos a los cetáceos, que son como los primos de Zumosol de los delfines, de mayor tamaño. En total, participaron unas 60 personas con medios de Salvamento Marítimo, y lanchas y zodiacs de la Xunta.

El calderón más grande era un macho de casi cinco metros de largo que pesaría una tonelada, calcula López. La Cemma se ocupa de los rescate y varamientos en aguas del litoral gallego. Son habituales en casos aislados pero no es frecuente que se produzca en este número. No obstante, recuerdan que en septiembre del 1998, en la misma zona, hubo un varamiento masivo de unos 14 calderones que tardaron tres días en reflotar. En 2003, en Burela, vararon casi 35 ejemplares.

Fuente: El País.