Como ya sabéis, desde el incio de la Expedición Malaspina, desde La Mär Salao, hemos ido informando sobre los acontecimientos más relevantes que iban surgiendo. Hoy os traemos…la vuelta de la expedición.

Tras siete meses de navegación y 32.000 millas náuticas recorridas, el buque oceanográfico Hespérides regresó a España el pasado 14 de julio, culminando la circunnavegación de la expedición Malaspina. El proyecto, liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), deja un legado de más de 120.000 muestras de aire, agua, gases y plancton del Atlántico, el Índico y el Pacífico, que servirán para elaborar colecciones de referencia para la comunidad científica internacional y para potenciar futuros estudios sobre la biodiversidad del océano y el impacto del cambio global.

El acto de regreso de la expedición ha estado presidido por la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, y ha contado con las intervenciones del presidente del CSIC, Rafael Rodrigo, el investigador del CSIC y coordinador del proyecto, Carlos Duarte, y el comandante del buque BIO Hespérides, Juan Antonio Aguilar.

El Hespérides, un barco de la Armada Española, partió el 15 de diciembre de 2010 de Cádiz y ha realizado paradas en Río de Janeiro (Brasil) y Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Tras Perth (Australia), pasó por Sídney (Australia), Auckland (Nueva Zelanda), Honolulú (Hawai), y Cartagena de Indias (Colombia). Otro buque, el Sarmiento de Gamboa, perteneciente al CSIC, regresó en abril procedente de Santo Domingo (República Dominicana), donde llegó tras haber explorado el Atlántico durante casi dos meses.

“Con nuestra llegada a puerto no acaba la expedición. Comienzan años de trabajo de laboratorio, donde veremos emerger los resultados científicos tangibles de este proyecto. Venimos cargados de muestras que aportan una riqueza capaz de resolver problemas para la sociedad en distintos campos”, ha destacado Duarte.

La huella del cambio global

La expedición ha evaluado, a través de experimentos, el impacto del cambio global sobre el plancton marino. Los científicos han observado el efecto del aumento de la temperatura sobre su metabolismo, producción y capacidad para actuar como fuente o sumidero de dióxido de carbono, el impacto de la radiación ultravioleta sobre su actividad fotosintética, el grado de acidificación de las aguas oceánicas por la penetración de CO2 y su impacto sobre los organismos calcificadores.

Los investigadores han detectado una pérdida “preocupante” de oxígeno en las aguas subtropicales y tropicales en todos los océanos. Apuntan como una de las principales causas la falta de ventilación, un proceso relacionado con el calentamiento global. “Esta zona muerta sí esconde una vida planctónica, sobre todo microbiana, adaptada a la falta de oxígeno”, explica el científico del CSIC Rafel Simó, jefe científico a bordo desde Honolulú hasta Cartagena de Indias. Con las muestras tomadas en estas aguas, los científicos esperan poder secuenciar por primera vez el genoma del plancton que vive en estas condiciones.

Los investigadores han comprobado la presencia de grandes cantidades de fragmentos minúsculos de plástico en el giro del Atlántico Sur, “una zona muy alejada de los continentes y donde la actividad industrial humana es casi inexistente”, precisa Pep Gasol, jefe científico de la etapa desde Río de Janeiro a Ciudad del Cabo. Los científicos temen que estos plásticos puedan llegar a interferir en la dinámica de las comunidades naturales marinas en esta zona.

En el Pacífico Sur, cerca de Samoa, registraron la mayor transparencia en el agua medida hasta el momento. «La radiación ultravioleta penetra hasta los 60 metros de profundidad en dosis suficientes para causar mortalidad en las células del plancton», explica Susana Agustí, investigadora del CSIC y jefa científica de las etapas desde Perth hasta Honolulú. La razón fundamental es la escasez de materia orgánica disuelta y de fitoplancton, así como la disminución de la capa de ozono.

Los científicos a bordo del Sarmiento de Gamboa exploraron durante algo menos de dos meses el giro subtropical del Atlántico Norte, una región del océano de gran interés para los estudios de clima. Comprobaron que la temperatura del océano en esta región ha aumentado en la cuenca este, mientras que en la cuenca oeste ha disminuido. Otro hallazgo novedoso es que la capa más profunda, la que se sitúa a más de 5.000 metros de profundidad, se ha calentado.

El legado de Malaspina

Cerca de 20.000 de las muestras tomadas integrarán la Colección Malaspina, un banco que permanecerá sellado durante 30 años para que las futuras generaciones de investigadores tengan una ventana al estado del océano en 2010 y 2011 y puedan investigar y desarrollar nuevas técnicas.

Los investigadores ya han comenzado a reunir una colección de organismos que viven desde la superficie hasta los 4.000 metros de profundidad, desde virus y bacterias, hasta medusas y larvas de peces. Con las más de 1.200 muestras esperan elaborar una colección de genómica microbiana global.

A su paso por el Pacífico, entre Auckland y Honolulú, la expedición recogió muestras de partículas atmosféricas, agua y plancton para evaluar la posible radiactividad procedente de la central nuclear de Fukushima. Aún habrá que esperar al análisis en el laboratorio para obtener algún resultado.

Si queréis más información, la tenéis a un clic. Ahora os dejamos con una serie de imágenes de la Expedición.

Feliz fin de semana!!!

Fuente: CSIC.