¿Qué tal van los días de descanso? Imagino que muchos estáis acomodados en el sofá de casa, esperando que las temperaturas suban un poco, para salir a pasear. Hoy, entre día y día festivo, os queremos presentar un libro, un clásico, mediante el cual, se ayudó mucho a la comunidad India, afectada por una tragedia. 
Es un posible regalo para depositar debajo del árbol, para aquel familiar devora libros que tenemos en casa y es también una lección para todos aquellos que piensan “que nuestro planeta  no recuerda, que lo he hagamos hoy, no influirá en el mañana”. 
El libro se titula “Era Medianoche en Bhopal” fue escrito en 2001 por Dominique Lapierre y su sobrino Javier Moro. Fue muy criticado, por médicos, químico, y demás colectivo más o menos ligado a la industria química. 
El libro está basado en un accidente real que sucedió en la India, concretamente en Bhopal en 1984, pero a día de hoy, en la población siguen quedando secuelas de dicha tragedia. Para ello, los autores realizaron una investigación y lejos de buscarse problemas judiciales con la empresa causante del accidente, decidieron no hacer mucho hincapié en el nombre de esta (lo mencionan sólo una vez en el libro) y tampoco en la formulación del compuesto químico. Pues no pretendían que los lectores identificarán el compuesto, simplemente deseaban quitar esa venda que muchas veces, nos ciega, sobre todo cuando estamos desesperados y necesitamos ayuda, y llega alguien con su gran proyecto, prometiendo lo inalcanzable hasta el momento, sin mostrarnos la cara menos brillante de la moneda. 
 Foto de la portada del libro.

Os contamos un poco sobre el libro:
” Pasaba la media noche y ya quedaba atrás el 2 de diciembre, el día 3 llegaba con tiempo fresco, propio de aquella estación del año. En el corazón de la ciudad de Bhopal, la gente duerme, algunos tienen la suerte de tener una buena cama, otros, menos afortunados, comparten su chabola, con el resto de familia. En la misma localidad, la fabrica de pesticidas que llevaba 6 años funcionando, sufre una fuga, escapando una nube de gas tóxico de isocianato de metilo. Allí se fabricaban pesticidas, “manos de santo”, que hasta el momento habían acabado con las plagas de los cultivos y por tanto, con el hambre de los más pobres, puesto que las cosechas perduraban, los frutos aumentaban y los precios bajaban. Todo un impulso para un país tan pobre. 
La nube se desplaza, el viento del norte la desplaza al sur. Aquel que la exhala, ya no puede luchar contra la muerte, en total, 30.000 muertos fulminados y 500.000 intoxicados y heridos. Cifras que hacen que sea la mayor y mortífera catástrofe química de la historia. 
¿Pero por que ha sucedido? Es la pregunta que ronda por el pensamiento de aquellos, a los que aún le quedan fuerza para ello. Un plan de ahorro, que contemplaba disminuir las medidas de seguridad en aquella fabrica, tan inofensiva como una fabrica de chocolatinas. Jóvenes de occidente que pretenden acabar con la hambruna del tercer mundo,…cientos de personajes, de situaciones que se entremezclan para convertirse al final en una advertencia a todos los aprendices de brujos que amenazan la supervivencia de nuestro planeta.”

A día de hoy seguimos utilizando muchos fertilizantes y pesticidas que son tóxicos y perjudiciales para la salud. Muchos de estos compuestos se acumulan en ríos y mares, ocasionando graves problemas en el medio marino, por ello, debemos de seguir investigando y exigiendo, que se usen productos biodegradables.